
Google ha sido, sin duda, una de las empresas impulsoras de los servicios en la nube. Gmail marcó el pistoletazo de salida y, desde entonces, la compañía no ha dejado de sumar servicios, algunos gratuitos para todo el mundo y otros de pago para empresas y profesionales. Con ello ha logrado, junto con otras tecnológicas, que la nube se convierta en un elemento común en el día a día de muchas personas, ya sea en su vida estudiantil, laboral o personal (revisando mis archivos, acabo de recordar que hice la lista de la compra para la Nochebuena de 2009 en Google Docs, me parece un buen ejemplo de lo que digo).
Una de las claves de la nube o, mejor dicho, de que su uso se haya extendido y proyecte seguir haciéndolo en el futuro, es que sea capaz de ofrecer los niveles de seguridad adecuados para que podamos confiar a la hora de almacenar, editar y compartir nuestros activos digitales. Y es que de poco, por no decir de nada, sirve que un servicio sea rápido, eficiente y práctico si, a la hora de la verdad, no podemos confiar en su seguridad.
En Google son muy conscientes de ello y, en consecuencia, periódicamente revisan sus servicios con el fin de encontrar tanto posibles agujeros de seguridad como mejoras en sistemas que, aún siendo seguros, podrían serlo más. El último ejemplo de ello es, como podemos leer en su leer en su blog, una mejora relativa a la seguridad de Google Workspace, un servicio que hasta hace unas semanas se dirigía exclusivamente al sector profesional, pero que Google ha decidido extender a todos usuarios, también los particulares.
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